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PAU · Lengua · Comunicación (comprensión y producción)

Texto argumentativo

Texto argumentativo propio: 150–200 palabras y 2 puntos desde el modelo 2027 (100–150 y 1,4 antes).

PAU — Prueba de Acceso a la Universidad (Selectividad), modelo de MadridLengua Castellana y Literatura IIPeso: 4 puntos
Practicar Texto argumentativo gratis4 preguntas originales de esta destreza, con corrección al instante.

Qué evalúa

Texto argumentativo propio: 150–200 palabras desde el modelo 2027 (100–150 en el formato anterior).

Claves

Estrategia paso a paso

Trampas habituales

Ejemplo resuelto

«Estoy de acuerdo solo en parte: …»

Preguntas de ejemplo

Intenta responder antes de abrir la solución.

Pregunta 1

Dificultad media≈ 15 min

La dictadura del minuto

Vivimos pendientes del reloj como quien vigila a un enemigo. Nos levantamos con prisa, desayunamos de pie y, antes de salir de casa, ya hemos consultado tres veces el móvil para comprobar que el mundo no se ha derrumbado durante la noche. Llamamos «eficiencia» a lo que, en muchos casos, no es más que ansiedad bien organizada.

No siempre fue así. Nuestros abuelos también trabajaban mucho, y a menudo en condiciones más duras que las nuestras, pero su tiempo tenía otra textura: había esperas que nadie consideraba perdidas, sobremesas que se alargaban sin culpa, paseos que no servían para nada y precisamente por eso servían para todo. Hoy, en cambio, cualquier minuto vacío nos parece un fracaso. Si el autobús tarda, sacamos el teléfono; si la conversación decae, sacamos el teléfono; si el silencio nos incomoda, lo llenamos de ruido.

¿Qué hemos ganado con tanta velocidad? Sin duda, algunas comodidades que sería absurdo despreciar. Pero también hemos perdido la capacidad de detenernos, de mirar sin propósito, de pensar despacio. Las ideas importantes rara vez llegan corriendo; suelen aparecer cuando uno deja de perseguirlas: en la ducha, en un tren, mirando por la ventana.

No se trata de huir al campo ni de tirar el reloj a un río. Se trata, más bien, de recuperar la soberanía sobre nuestras horas: decidir cuándo vamos deprisa y cuándo no, en lugar de dejar que lo decidan por nosotros las notificaciones. Quien se atreve a perder el tiempo descubre que, en realidad, lo estaba ganando.

1.3. (1,4 puntos) Elabore un texto argumentativo de entre 100 y 150 palabras sobre el contenido del texto, manifestando acuerdo o desacuerdo con alguna de las ideas que refleja.

100–150 palabras · 15 min.

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Respuesta modelo

Comparto la idea de que la prisa se ha convertido en una forma de vida, aunque creo que el problema no es la velocidad en sí, sino la falta de elección.

En primer lugar, muchos estudiantes vivimos con la agenda llena: clases, deberes, actividades y, entre medias, el móvil. Cuando por fin tenemos un rato libre, lo llenamos con vídeos cortos porque no sabemos estar sin hacer nada. Sin embargo, las mejores ideas para un trabajo o para resolver un conflicto suelen surgir en momentos tranquilos.

Por otra parte, no todo es negativo: la rapidez nos permite aprender, comunicarnos y resolver trámites en minutos. Renunciar a ello sería absurdo.

En conclusión, deberíamos reservar cada día un tiempo sin pantallas ni obligaciones. No se trata de ir despacio siempre, sino de decidir nosotros cuándo correr.

Criterios de corrección

  • Tesis clara y personal relacionada con el texto (0,3).
  • Argumentos variados y bien desarrollados, sin fórmulas estereotipadas ni repetición del texto (0,6).
  • Estructura (introducción, desarrollo y conclusión) y conectores adecuados (0,3).
  • Corrección, precisión léxica y extensión de 100–150 palabras (0,2).

Explicación

El texto modelo fija una tesis propia (acuerdo matizado), aporta argumentos que no están en el texto (tiempo de estudio, aburrimiento creativo) y cierra con una conclusión, dentro de 100–150 palabras.

Pregunta 2

Dificultad media≈ 15 min

Cartas que ya nadie escribe

Hace unos días, mientras ordenaba un armario, encontré una caja de galletas llena de cartas. Eran de mi abuela, escritas con una letra redonda y un poco inclinada, en un papel tan fino que parecía a punto de deshacerse entre los dedos. Algunas tenían más de cincuenta años. Las leí despacio, sentada en el suelo. Cuando terminé la última, comprendí que aquellas cartas guardaban una voz que yo había olvidado.

Me sorprendió, sobre todo, la paciencia que revelaban. Quien escribía una carta sabía que la respuesta no llegaría hasta varias semanas después, de modo que cada frase estaba pensada para durar. No había emoticonos ni abreviaturas; había descripciones minuciosas del tiempo que hacía, de las cosechas, de las pequeñas alegrías y de los pequeños disgustos. Había, en fin, una forma de atención que hoy nos cuesta imaginar.

Nuestros mensajes, en cambio, viajan a la velocidad de la luz y mueren casi con la misma rapidez. Escribimos «ok», «jaja», «llego en 5», y al día siguiente ya no recordamos qué dijimos. No pretendo idealizar el pasado: aquellas cartas también contenían silencios, malentendidos y noticias que llegaban demasiado tarde. Y nadie en su sano juicio renunciaría hoy a hablar al instante con alguien que vive en otro continente.

Sin embargo, me pregunto qué quedará de nosotros cuando alguien abra, dentro de cincuenta años, nuestras cajas de galletas. Probablemente, nada: una cuenta cerrada, una contraseña olvidada, un servidor apagado. Tal vez deberíamos escribir, de vez en cuando, algo que merezca ser guardado.

1.3. (1,4 puntos) Elabore un texto argumentativo de entre 100 y 150 palabras sobre el contenido del texto, manifestando acuerdo o desacuerdo con alguna de las ideas que refleja.

100–150 palabras · 15 min.

Ver solución modelo y criterios

Respuesta modelo

La autora sostiene que nuestros mensajes son efímeros y no dejarán huella. Estoy de acuerdo solo en parte.

Es cierto que la mensajería instantánea favorece la prisa: contestamos sin pensar, abreviamos palabras y borramos conversaciones sin darnos cuenta. Además, casi nadie imprime lo que escribe, y una cuenta cerrada puede hacer desaparecer años de recuerdos.

Sin embargo, no creo que toda la escritura digital sea superficial. Muchos jóvenes escriben blogs, diarios en el móvil o largos mensajes en momentos importantes, y las fotos y los audios también cuentan quiénes somos. El problema no es el medio, sino la atención que ponemos al escribir.

Por tanto, más que volver al papel, deberíamos aprender a cuidar lo que escribimos y a guardarlo. Una carta puede ser digital si está pensada para durar.

Criterios de corrección

  • Tesis clara y personal relacionada con el texto (0,3).
  • Argumentos variados y bien desarrollados, sin fórmulas estereotipadas ni repetición del texto (0,6).
  • Estructura (introducción, desarrollo y conclusión) y conectores adecuados (0,3).
  • Corrección, precisión léxica y extensión de 100–150 palabras (0,2).

Explicación

El modelo discrepa en parte de la autora: defiende que también hay escritura valiosa en lo digital, con argumentos propios, estructura clara y conclusión dentro de 100–150 palabras.

Pregunta 3

Dificultad media≈ 15 min

El derecho a aburrirse

Pocas cosas asustan tanto a un niño de hoy como una tarde sin planes. Entre las clases de inglés, el entrenamiento de fútbol, la academia de música y las pantallas, que rellenan cualquier hueco, el aburrimiento se ha convertido en una especie en peligro de extinción. Y los adultos, lejos de lamentarlo, lo celebramos: nos parece que un niño ocupado es un niño bien atendido.

Sin embargo, conviene sospechar de esa certeza. El aburrimiento no es un vacío, sino un umbral. Cuando el niño se queda sin distracciones, su mente empieza a inventar: una cabaña con sábanas, un idioma secreto, una historia sin final. Muchos escritores reconocen que su vocación nació en veranos interminables, en tardes de lluvia en las que el único juguete disponible era la propia imaginación.

El problema es que hemos confundido estímulo con aprendizaje. Creemos que cuantas más actividades ofrezcamos, más capacidades desarrollará el niño, como si la infancia fuera una carrera de obstáculos que hay que superar con buena nota. Pero una agenda repleta también enseña algo: que el tiempo libre es peligroso y que siempre debe venir alguien de fuera a llenarlo.

No propongo abandonar a los niños a su suerte ni suprimir las actividades que les gustan. Propongo, simplemente, dejarles algún hueco. Una hora sin horario, un domingo sin programa, un rato para mirar el techo. Quizá al principio protesten; es probable que se quejen de que no tienen nada que hacer. Conviene resistir la tentación de rescatarlos: en ese momento incómodo, precisamente, empieza lo interesante.

1.3. (1,4 puntos) Elabore un texto argumentativo de entre 100 y 150 palabras sobre el contenido del texto, manifestando acuerdo o desacuerdo con alguna de las ideas que refleja.

100–150 palabras · 15 min.

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Respuesta modelo

Estoy de acuerdo con el autor en que los niños necesitan tiempo para aburrirse, porque ese tiempo les enseña algo que ninguna academia puede ofrecer: a depender de sí mismos.

Cuando un niño no tiene nada programado, debe decidir qué hacer, organizar un juego o convencer a otros para que participen. Así desarrolla la autonomía y la creatividad. Además, aprende a tolerar la frustración, algo muy útil en la vida adulta, en la que no siempre habrá alguien que nos entretenga.

Es verdad que las actividades extraescolares aportan conocimientos y amistades, y muchas familias las necesitan para conciliar. Pero una cosa es ofrecer algunas y otra, llenar cada minuto.

En definitiva, un poco de aburrimiento no es un fallo de los padres, sino una oportunidad para que los niños descubran quiénes son.

Criterios de corrección

  • Tesis clara y personal relacionada con el texto (0,3).
  • Argumentos variados y bien desarrollados, sin fórmulas estereotipadas ni repetición del texto (0,6).
  • Estructura (introducción, desarrollo y conclusión) y conectores adecuados (0,3).
  • Corrección, precisión léxica y extensión de 100–150 palabras (0,2).

Explicación

El modelo manifiesta acuerdo con la tesis, añade argumentos propios (autonomía, gestión de la frustración) y una concesión (las actividades también aportan), con estructura clara y 100–150 palabras.

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